lunes, 23 de septiembre de 2013

Significados ocultos...

Esta vez tengo urgencia de escribir un post aquí. La visita del Amo me ha provocado tremenda conmoción, me dejó conmovida pero no inquieta, no sé...

Llegó por la tarde para quedarse dos días conmigo en la cabaña. Al pasar la cerca me vio ocupada en el jardín, ensimismada quitando la maleza de entre los alelíes, las clavelinas, el lino y los pensamientos... Se acercó sonriendo a abrazarme, como siempre. En seguida, entre mimos cariñosos y amables caricias, lentamente, constató que mi vestuario estaba en orden. Solo un vestido sencillo, nada más, en absoluto. Es una de las órdenes del Amo que lleva especial cuidado: estar siempre vestida y arreglada como le gusta sin saber cuándo aparecerá. Siempre disfruto esta "constatación". Solo puedo quedarme allí y recibir tímida, dispuesta, este ya acostumbrado saludo acompañado de efusivos besos. Esto sucedería muchas veces en los dos días que duró la visita, la cantidad de besos ha sido considerable pero claro, para mi, jamás suficiente...

Se sentó en la sala, preparó su pc portátil para conectarse. Imaginé que descansaría y trabajaría un rato, pondría en orden sus asuntos, cosas así. Me ordenó buscar agua para lavar sus pies. Me dirigía a buscar el agua tibia cuando oí la voz amable pero firme del Amo:

- ¿No olvidas algo mi gata?
- No lo sé Amo, perdona- respondí.

La pregunta era para recordarme que dentro de la casa me prefiere... sin el vestido. Me puse de pie frente a su asiento, en postura lo más sumisa posible, me despojó a tirones del vestido ... quedé así, completamente como al Amo le complace. Me atrajo con sus rudos brazos hacia él y el beso que me dio en el vientre me anudó la garganta.

- Ve - finalizó.

Fui. Perpleja. Pensé que me castigaría pero no fue así. Tal vez recordó cuanto me turba estar en su presencia.

Traje el agua y lavé sus pies. El aire se saturó de sosiego. Arrodillada, lavando y masajeando sus pies, le sonreía, yo, su esclava. Luego besé ambos. No hace falta pedir permiso para esto. Retiré el recipiente, sequé al Amo con un suave paño bordado. El Amo me veía con atención hacer todo esto, cuando ya justo iba a terminar mi faena, sentí su mano decidida tomarme del cabello.

- Ven, mi esclava. Darás placer a tu Amo.

Continué entonces aliviando el estrés del día de mi dueño mientras él también seguía recorriendo mi piel con sus manos, hasta donde llegara, lo que me alentaba a perfeccionar más y más mi habilidad para complacerlo. Las tibiezas de nuestros músculos se combinaban en rítmica danza lasciva. Como en cada ocasión, a estas alturas ya deseaba al Amo dentro de mi, traspasando mis ganas más profundas, pero aún no era hora de eso, se me negaba resolver mi propia complacencia de ningún modo. Por lo tanto, me concentré solo en sus manos, me relajé, traté de apartar de mis entrañas la imagen que había encontrado mi boca y consentían mis manos, mi lengua y mi garganta. Lo conseguí para deleite del Amo.

Una vez concluido esto, me ordenó volver a vestirme y salir a finalizar mis tareas de jardinería. Luego, prepararía la cena, el Amo me alimentaría de su plato con sus dedos y... para mi sorpresa, tomaría mi cadena y me conduciría a su cama a fin de... ¡conversar y dormir! La conversación (siempre acompañada de besos, caricias, algún que otro pellizco y algún que otro magreo no muy profundo) trató acerca de lo que sentimos, lo que nos preocupa, lo que creemos que necesitamos, tal como deben comunicarse Amo y esclava. Mi deseo por el Amo aumentaba, sin pausa, a cada segundo. La noche se iba pintando de penumbras... ya en el umbral del paso a la inconsciencia abracé al Amo con dulzura pero con fuerza. Él entendió lo que eso significa... no hacen falta las palabras para explicarlo.

Recién el día siguiente sería dedicado a prácticas más invasivas para el cuerpo de su esclava, o sea yo, pleno disfrute desmedido del Amo... ya no se me negaría nada de pasión y se me daría todo el placer que tanto ansiaba, el cual consiste nada más y nada menos que en complacer a Mi Amo.


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