viernes, 13 de abril de 2012

Atada...

Me gusta recordarte Amo, nuestros primeros encuentros y sé que te gusta que te los recuerde. Por eso te escribo. Para revivir momentos y, a partir de ellos, crear otros nuevos. Recuerdo la tercera noche que me visitaste. Me encontraste esperándote en la cama, desnuda como me habías ordenado. Te acomodaste sobre mi, tomaste mis muñecas y las ataste a la cabecera de la cama, despacio, sin prisa, parsimoniosamente, tus caricias eran más intensas que la misma sujeción. Comencé a excitarme, observando tu rostro, te veía concentrado en maniatarme, allí, sobre mi, deseoso de constreñirme y someterme, con cada uno de tus movimientos reconfirmando con vehemencia que mi cuerpo te pertenece.

Lo que comenzó como una sesión de caricias, ataduras y besos se tornó en frotamientos explícitos intensos, lujuriosos, impiadosos... de repente, me diste vuelta bruscamente, quedé casi boca abajo, exhibiéndote mi espalda.. "Azotame Amo, te ruego que me azotes" me oí diciéndote. Tu fusta se precipitó sobre mi piel temblorosa, trazando marcas precisas, justo donde las querías. No sé qué dolía más, si los fustazos o el hecho de desearlos y de haberme atrevido a pedírtelos. Te había pedido que me causaras dolor, algo difícil de aceptar por la razón que siempre se ha jactado de adelantarse a todos mis actos. Las marcas me ardían, la confusión me abrumaba, el deseo me atravesaba. Sentí tus labios y tu lengua en cada marca. Lloré... Bebiste mis lágrimas una a una. Mientras lo hacías, acabamos ambos, juntos. Te derramaste sobre mi vientre y esparciste por mi cuerpo lo que había resultado de aquella pasión sádica.

"Amo, más..." te supliqué. Sabías que te anhelaba dentro de mí. A lo que me respondiste: "Mi perra ardiente, sé que quieres más, ahora no, te penetraré en la mañana. Duérmete puta". Te acostaste dándome la espalda y de inmediato quedaste profundamente dormido, me relajé como pude, pensé que sería muy difícil obedecerte, aún te deseaba desesperadamente dentro mío y mi deseo solo se había intensificado con tus palabras humillantes. Mi deber era quedar dormida. Un leve escozor comenzaba a recorrer mi cuerpo pringado de tu espeso rastro. Tu olor me embriagaba, mi deseo me transportaba. Finalmente, me dormí. A las horas, no sé cuántas, tal vez dos o tres... comencé a despertar... enseguida noté que ya no estaba atada al respaldo del lecho. Entendí por qué me había dormido tan cómoda. Un pensamiento dominaba mi mente, debía lavarme. Entre medio dormida y medio despierta me dirigí hacia el cuarto de baño. Apenas estuve dentro, sentí tu presencia incuestionable detrás de mí, me empujaste contra una pared y cumpliste tu anterior promesa. Apenas me dejabas respirar. Sentía dolor, placer, dolor, necesidad de someterme, éxtasis. Una vez que saciaste todas tus ganas de mi cuerpo, me abrazaste con dulzura, me pusiste bajo la ducha y tiernamente me bañaste, con sumo cuidado, como si mi cuerpo fuera tu pertenencia más preciada. Así me bañaste... llenándome ahora de emoción como antes me habías llenado de deleite.

"¿Por qué me causas dolor Amo?", pregunté tímidamente. "Para mi placer y para estar más cerca de mi bella esclava", respondiste con toda naturalidad y con un beso. Regresamos a la cama, en silencio, aún sentía todo mi ser convertido en una mezcla extraña de emociones y deseo, iba yo donde mi Amo me indicaba, toda vulnerable... casi inmaterial, casi etérea... al mismo tiempo, nunca me había percibido a mí misma tan consciente de mi...

jueves, 5 de abril de 2012

Nombrame...

El mundo creado por el Corsario tiene invitaciones a desvelar los sentidos, tiene pilas de deseos, tiene ritmo felino, tiene una gata con la voluntad domada, tiene brillos de colores tiernos.
El mundo inventado por el Corsario tiene vida compartida, tiene sueños con caricias, presencias perfumadas y tantas risas.
El mundo conquistado por el Corsario tiene marcas de placer, tentaciones tatuadas en la piel, tranquilos senderos de mis pasos taimados sigilosos que buscan complacer.   
El mundo invadido por el Corsario tiene espacios en blanco para ser rellenados de pasiones tormentosas que calman el vientre esperanzado de recibir el fuego viril tan ansiado.
El mundo del Corsario tiene una gata, una gata que necesita ser nombrada... Kath... Solo el Corsario puede nombrarla... Solo el Corsario sabe ser su espejo... solo el Corsario es su dueño... su Amo... quien puede reflejarla y sometiéndola... satisfacerla...