Esto me sucedió los primeros días después de tu regreso. Estaba en mi trabajo, una tarde, esperaba a que mi jefa me asignara una tarea. Me había acomodado convenientemente en la biblioteca de la institución, donde podría leer o escribir según mi preferencia. Estuve explorando, revisando, escrutando unos libros de pedagogía y otros de literatura. Encontré dos, me decidí por ellos. Uno sobre cómo usar el cerebro en las aulas y otro, una breve obra de teatro de uno de los hermanos Discépolo, “Babilonia”.
Me senté, comencé a hojear los libros. De repente… decidí escribir. Mejor dicho, escribir pensando en vos, o pensando en vos decidí escribir. Escribirte, se diría.
Pensaba… ¿qué me pasa?, ¿qué me pasa con vos? Y no podía encontrar ninguna respuesta a esta pregunta. Se me ocurrió que, la persistente resonancia de este enigma requerido por el deseo me deja pensando en sueños… la causa de dicho deseo podemos decir que se extinguió, porque claro, te fuiste ya, pero por eso, me queda la resonancia, la persistencia de la vibración que produjiste más temprano. Pero ya te fuiste, ¿por qué la resonancia, por qué resuenan tus palabras en mi memoria provocándome el mismo deseo y más, deseo de que me tengas, de que solo vos me tengas? Y lo hacen hasta invadir por completo mis sueños y tomar posesión de ellos. Es un deseo placentero, sobrecogedor, invasor. ¿Cómo puede darse un deseo como presencia? Enigmático. Estás conmigo otra vez, en el letargo hipnótico de mi desvelo narcotizado.
Estoy escribiendo en la biblioteca, rodeada de gente, una biblioteca pequeña, donde todo está muy cerca de todo, los libros, la pc, las personas, por lo tanto, hay un aire de intimidad. Aún así, en mitad de este texto, tengo que frenar y prestar atención, porque una emoción extraña casi disuade a dos lágrimas a abandonar mis ojos fijos en la pantalla. No puedo llorar ahora. La gente a mi alrededor podría inquirirme sobre la causa de tal estado emotivo. Así que me contengo, y te escribo mis lágrimas, ya que, como todo lo que soy en este momento y en otros, te pertenecen. Entonces, interrogo una y otra vez tu literalidad para descubrir lo que puede estar invisiblemente operando allí. Porque como dije, hay un enigma.
Y cuál será ese enigma, tal vez te preguntes. Pues el enigma es nuestro deseo atravesado por el espacio… y el tiempo, deseo que no es demandante, pero que está siempre presente… y ha sido revelado, resguardado, desvestido, mostrado y complacido, atiborrado, repleto… listo para volver a aparecer… cuando reaparezcas y me demandes la confirmación de que ya me habías conquistado… conquistándome así de nuevo… a menos que no me encuentres, como hoy, que me dormí esperándote...