No sé cuál es la justa causa ni la lógica razón.
No sé si será por capricho o por propia convicción.
Lo cierto es que me encuentro aquí, abatida
habiendote entregado sin casi ninguna condición
la propiedad de todos mis inexpertos besos,
el monopolio de mis ardientes pensamientos,
la posesión de mis caricias imaginarias,
la pertenencia de mis profundas fantasías,
el goce perpetuo de mi cuerpo soñado,
la tenencia absoluta de mi devoción vestal,
el disfrute de una obediencia insólita.
¿Y todo esto con qué fin? Pues nada más
que para deleite de mis ruborizados sentidos,
que para complacencia de mi ávida ilusión,
que para entuerto de mis cuerdos delirios,
que para regocijo de mi razonable instinto,
que para agrado de mi descarada intimidad,
que para delicia de mi loca cordura,
que para seducción de mi apasionada quimera,
y tal vez, ¿nada menos?… ;)
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